En el 2013 se reportaron 71 feminicidios en BC; gobierno del estado incumple con protección de mujeres: ONGs

En el 2013 se reportaron 71 feminicidios en BC; gobierno del estado incumple con protección de mujeres: ONGs Por: Redacción / Sinembargo – diciembre 16 de 2013 – 22:30 Destacadas, México, TIEMPO REAL, Último minuto – Sin comentarios

En los últimos tres años, suman 225 las mujeres asesinadas en Baja California, víctimas apuñaladas, decapitadas, incineradas que han terminado sus vidas flotando en los canales de la periferia de las ciudades. Mientras, el gobierno del Estado ha decidido dejar pendiente su deber de poner en funcionamiento el Sistema Estatal para la Prevención, Sanción y Erradicación de la Violencia hacia las Mujeres, obligación que le fue marcada por Ley desde 2008. ONGs propone reeducar a los hombres

Por Sergio Haro Cordero  y Rosario Mosso Castro Ciudad de México, 16 de diciembre (SinEmbargo/Zeta).–

La mañana del viernes 15 de noviembre de 2013,  agentes de la Policía Municipal percibieron una estela de humo negro que salía de una construcción derruida en el conjunto habitacional Los Viñedos, en Los Santorales, al Poniente de Mexicali. Al acercarse, vieron que llamas de más de medio metro  salían de un cuerpo humano en combustión. Entre el fuego se distinguían las dos manos y una parte del pie izquierdo. Era el cuerpo de una mujer. Al día siguiente, las crónicas periodísticas reseñaban que había sido violada y quemada viva. Ambas afirmaciones fueron refutadas por científicos del Gobierno del Estado. De acuerdo al reporte del Servicio Médico Forense, la víctima presentaba quemaduras de cuarto grado en el 100 por ciento del cuerpo, por lo que fue difícil de identificar. “Las quemaduras eran post mortales, primero la asesinaron y luego la quemaron, tenía una herida punzocortante que llegaba al corazón”, explicó el titular de SEMEFO, Francisco Acuña Campa, quien aclaró que no es fácil encontrar en una persona calcinada rasgos de violación.

Los restos del cuerpo quedaron en las instalaciones del Servicio Forense. El 19 de noviembre, un hombre se acercó a las oficinas del SEMEFO, pero no entró. Abordó a una de las empleadas afuera para preguntarle si estaba el cuerpo de una mujer quemada. Al obtener la respuesta afirmativa, se retiró. Seis días después el hombre fue detenido. Se trata de José Miguel, a quien apodan “El Enano” -la Ley protege su identidad- y era pareja sentimental de quien resultó ser Ana Luisa Hernández Hinojosa, originaria de Ciudad Juárez, Chihuahua, y relacionada con su agresor desde hace cinco años, con una historia de recurrente maltrato.

De acuerdo a Cristian Colosio Lule, coordinador de la Unidad de Homicidios Violentos de la Procuraduría estatal, desde que se implementó el Nuevo Sistema de Justicia Penal -11 de agosto de 2010- a la fecha, se han cometido 55 asesinatos contra mujeres en Mexicali; 19 en lo que va de 2013. Colosio calculó que cerca del 70 por ciento de los expedientes, son procesos “judicializados”, asuntos que llegaron al Juzgado, en algunos casos con detenido o identificado el presunto responsable.

En el 30% restante, sigue la investigación, la integración de elementos en el expediente. “En la mayoría de los casos, se trata de temas pasionales”, aseguró el funcionario. La larga lista incluye mujeres descuartizadas, decapitadas, violadas, torturadas, arrojadas a canales de riego -sobre todo en la parte Poniente de Mexicali-. En varios asesinatos, se ha tratado de sexoservidoras.

MUCHAS MUERTAS

Conforme a los archivos de la Procuraduría General de Justicia del Estado, del 1 de enero de 2008 al 4 de diciembre de 2013, 231 mujeres han sido asesinadas en Baja California; 123 en Tijuana, 52 en Mexicali, 16 en Rosarito; 6 en Tecate, 34 en Ensenada. 71 de esos homicidios han ocurrido en 2013: 35 en Tijuana, 19 en Mexicali, 7 en Rosarito, 8 en Ensenada y 2 en Tecate.

Del total de expedientes, el 42% está resuelto con el presunto responsable detenido. Ensenada tiene la mayor efectividad, con el 59% de los expedientes integrados; le sigue Mexicali, con el 50%; Tijuana, 36%; y Rosarito, con 25%. De acuerdo a datos aportados por el coordinador de la Unidad de Homicidios Violentos en el NSJP, de agosto a diciembre de 2010 se presentaron tres casos de mujeres asesinadas.

En 2011 se registraron15 asesinatos, 18 en 2012 y 19 hasta la primera semana de diciembre de 2013. En lo que respecta a 2010, dos de los tres eventos están ya “judicializados”, lo que significa que ya se pidió la orden de aprehensión,  una está pendiente y otro detenido. De los 15 homicidios de 2011, ocho se catalogan como “resueltos”, hay siete presuntos responsables detenidos, y los siete restantes siguen en investigación.

De este año hay siete detenidos. En cuanto a los 18 asesinatos de 2012, hay nueve “resueltos”, con cinco detenidos. Los nueve restantes continúan bajo investigación. De acuerdo a Colosio Lule,  seis de los 19 asesinatos de mujeres se consideran “resueltos”, con tres detenidos, y el resto aún en investigación. Reiteró que el 70% ha tenido motivos pasionales. “No están tanto aún relacionados con el tema de feminicidios, pero sí son eventos en los cuales la víctima ha sido una mujer”, refiere el investigador, aceptando que en algunos de los casos ha habido droga de por medio.

También han encontrado temas como narcomenudeo o delincuencia organizada, pero en menor proporción. En el caso de sexoservidoras, indica que tienen  un caso de 2013 ya catalogado como resuelto, y otros dos, de 2010 y de 2011, aún en investigación, pero aclara que -sin descartar un posible serial-, en ambos incidentes no hay elementos que apunten a homicidios por cuestión  de género o relacionados con el sexo servicio. “Son casos que se derivó en el momento, la droga, otros factores, pero no propiamente los relacionados con el tema de feminicidios”, afirmó. “Si vamos a un porcentaje, tenemos aproximado del 50 por ciento en efectividad”, sostiene el investigador estatal en relación a los casos de inicio y los judicializados.

En Tijuana, la incidencia de hombres que asesinan mujeres, es más alta. Asesinada en la Colonia Castillo. Foto: Zeta.   Durante 2011, 48 mujeres muertas en 47 averiguaciones, un doble asesinato, 20 fueron resueltas y 27 se encuentran en integración. “Traemos líneas en algunas, pero no hay elementos suficientes. De las 20 resueltas, 13 están relacionadas con narcomenudeo y siete tienen que ver con violencia intrafamiliar o delitos pasionales”. En 2012, las mujeres asesinadas sumaron 40 y se abrieron 39 averiguaciones previas, 15 están resueltas (11 relacionadas con narcomenudeo) y 24 pendientes de resolución. “En algunas tenemos presuntos responsables y línea de investigaciones, pero no ha sido localizado el detenido para ver qué elementos nos aportan, pero en muchas de ellas, particularmente en las pasionales, traemos el dato de un presunto responsable, aunque no tenemos señalamientos directos” explicó Miguel Guerrero. Hasta el 5 de diciembre de 2013, el registro era de 35 averiguaciones previas iniciadas por asesinatos de féminas, seis están resueltas (cuatro relacionadas con narcomenudeo), 28 en trámite, tres se remitieron a secuestros por estar relacionadas con privaciones, y 15 con narcomenudeo.

— ¿Cuál es el móvil principal móvil que han detectado?, se le preguntó al coordinador de Homicidios. “El pasional, en segundo el narcomenudeo, y después secuestro y otros”. —

¿En los homicidios de mujeres existen antecedentes de violencia intrafamiliar? “En la mayoría, nos aparece que existió maltrato con anterioridad, sobre todo en el caso de los concubinatos, el 70 u 80 por ciento de estos casos son concubinatos”. —

 ¿Maltrato denunciado? “En la mayoría no hay denuncias previas, lo detectamos por declaraciones de los familiares mientras investigamos los asesinatos”. —

 ¿Cuál ha sido el  perfil de los expedientes de las mujeres asesinadas por narcomenudeo? “Casi todas las encontramos en homicidios dobles o triples, donde asesinan a uno o dos hombres, también, en este año por ejemplo solo unas tres han aparecido solas.

Es común el uso de armas de fuego y el estrangulamiento. En el seguimiento se ha detectado que las matan por estar relacionadas con hombres metidos en la venta de droga, las matan por estar, por saber, por tener conocimiento, porque se entrevistan con gente involucrada; le manejan, entregan, mueven, pero siempre el cabeza de familia es el que maneja la situación, y la mujer está relacionada con él”, concluyó Miguel Guerrero.

En Ensenada, el registro de mujeres asesinadas de la Subprocuraduría de Justicia de Zona indica que en 2011 iniciaron diez averiguaciones previas, correspondientes a trece víctimas; en 2012, fueron 12 averiguaciones con trece víctimas; y del 1 enero al 4 de diciembre de 2013, se abrieron ocho averiguaciones previas, con igual número de víctimas.  Del total de averiguaciones previas, 20 están resueltas con personas detenidas, o con orden de aprehensión girada.Un total de 16 han sido las mujeres asesinadas en los últimos tres años en Rosarito. Durante 2011 mataron a seis, la PGJE solo pudo ubicar al homicida de una; en 2012, tres mujeres fueron masacradas y ninguno de los presuntos responsables fue identificado; mientras que en 2013, hasta la primera semana de diciembre, siete mujeres han muerto en homicidios violentos, pero solo tres de los asesinos han sido llevados ante un juez.

EL ENANO Y LA CHAPARRA José Miguel, “El Enano”. Foto: Zeta. Ana Luisa y José Miguel se conocieron en un centro de rehabilitación de Ciudad Juárez, en 2008, luego vivieron en Torreón -con la madre de ella- y tenían cerca de tres años residiendo en Mexicali, aunque de manera inestable -en la casa de los padres de él y se desaparecían por temporadas-. Oficialmente se  dijo que la pareja se dedicaba a la venta de ropa usada, que seguían con problemas de drogas, pero además, que José Miguel la golpeaba constantemente. “Era un tipo muy violento”, lo definió un conocido, quien aseguró: “Aparte la prostituía”. De acuerdo a la versión de un amigo de la pareja -Alfredo N- , la tarde-noche del jueves 14 de noviembre de 2013, ambos llegaron a buscarlo a su trabajo, en la zona del Bulevar Héctor Terán. José Miguel le dijo que “su vieja quería con él”, él rehusó la oferta, aunque ella le insistió y hasta lo acusaron de “joto”, pero él se mantuvo en el rechazo. Dos horas después, Ana Luisa regresó sola, le pidió 200 pesos por tener sexo con él, y aceptó. De acuerdo a  la versión aportada a los fiscales, ella le advirtió que se cuidara de José, que se lo quería “chingar”, que siempre portaba un cuchillo o un desarmador. Cerca de las cinco de la mañana del viernes 15, José Miguel llegó a buscarlos y le pidió “raite” a la casa de sus padres, en la colonia Progreso. Los tres subieron a un auto prestado, y en el camino, bajo el pretexto de que ella quería “ir al baño”, se desviaron por un camino de tierra, llegaron a una casa abandonada, rodeada de parcelas de riego. De acuerdo al relato, la pareja se bajó y se metió a  la casa, el testigo se dio cuenta de que José empezó a golpearla muy fuerte, ella quería zafarse pero no podía. Caminaron más al fondo de la casa y ya no pudo verlos. De repente José se subió al vehículo y se metió algo en la cintura,  le dijo al chofer que la mujer se quedaría “porque estaba bien drogada”. “José estaba muy nervioso, y olía mucho a gasolina…”, dijo el testigo a los investigadores.

En Ciudad Juárez,  el 19 de noviembre, Mariela Hinojosa recibió una llamada desde Mexicali. Era José Miguel, quien le dijo que su hija, “La Chaparra”, estaba muerta, quemada, que tenía que acudir al SEMEFO a identificarla, por lo que viajó a Mexicali. Del Servicio Médico Forense, se fue directamente a las instalaciones de la Procuraduría estatal. “Cuando me llamó se notaba muy desesperado, agitado”, dijo Hinojosa a los investigadores. También les confió que en varias ocasiones la había amenazado de muerte.

El 29 de noviembre de 2013, se inició el juicio en el NSJP contra el presunto agresor de la joven Anal Luisa, cuyo cadáver aún se encuentra en los refrigeradores del SEMEFO en la capital del estado, a la espera de que el resultado del examen de ADN coincida con el de su madre, para que la señora pueda recogerlo.

TIJUANA: A LA FLACA TAMBIÉN LA QUEMARON

Según sus homicidas -hombres deportados de Estados Unidos hace años que viven y venden droga en la canalización-, Yesenia “La Flaca” y David “El Moreno” eran pareja y vendían droga en la colonia Postal, para un hombre mayor conocido como “Don Juan”. Su jefe criminal fue informado por otros delincuentes que presuntamente, ambos estaban pasando informes a la Policía Municipal, así que dio la orden de desaparecerlos. Los mandaron llamar a la canalización del Río Tijuana, justo bajo el puente de la colonia 20 de Noviembre. Cuando llegaron, los metieron a las cuartos hechizos atrás de las compuertas, el vendedor de drogas Alberto Marroquín “El Cholo” -acompañado de cuatro cómplices- les preguntó por la traición y lo negaron, pero eso no importó. “Yo golpee a ‘La Flaca’ con un bat, por lo que le di dos batazos, uno en la nuca y el otro en la espalda, y de ahí le empezaron a pegar los demás… tardando como unos cuantos segundos hasta que ya no se movieron”. Los asesinó y abandonó, dejando instrucciones y dinero para que otros dos drogadictos fueran a comprar 50 pesos de gasolina y quemaran los cuerpos. Lo hicieron y, cuando estaban semi-carbonizados, los metieron en un saco y los trasladaron hacia el norte por el mismo canal,  donde el cuerpo de Yesenia fue localizado el 29 de junio de 2013.

VIOLENCIA INTRAFAMILIAR

La mañana del domingo 6 de octubre de 2013, a Ruth, de 30 años, la mató su esposo, Juan Oswaldo Villanueva Botello. “Mi esposa estaba en ese momento desayunando, por lo que me le acerqué, quedando parado detrás de mi esposa, le puse alrededor del cuello la corbata y la jalé hacia el declarante, haciendo fuerza en apretarle el cuello para que se asfixiara y no pudiera respirar. En el forcejeo mi esposa cae al suelo, boca arriba, golpeándose la cabeza, y es cuando aprovecho y me siento encima de su abdomen, y continúo apretándole el cuello con fuerza con la corbata gris, hasta que dejó de moverse…”, relató el homicida. Después cargó a su hija de 11 meses de edad, y subió a descansar al segundo piso de la casa que compartían. De la 1:30 hasta las 6:00 pm se fue a misa, y esperó a la madrugada del día 7 de octubre para abandonar el cuerpo cerca de la casa de la hermana de la víctima, en el fraccionamiento Paseos del Florido, en Tijuana, y después llamar a la familia para hacerles creer que Ruth había huido. Al justificar su crimen ante el Ministerio Público, Juan Oswaldo aseguró que los tres años de matrimonio habían sido problemáticos porque la mujer era depresiva y él tenía miedo de que lo matara a él o su hija, también confesó que tres meses atrás había iniciado una relación sentimental con una joven de su congregación religiosa.

En otro hecho, el 12 de septiembre de 2013, en Ensenada, “Antonio” asesinó a su ex pareja Sonia Romero Cota con un zapapico frente a sus hijas. En medio del pleito familiar, Elizabeth Hernández Castro, amiga de la agredida, también pereció, víctima del hombre celoso que se negaba a dejar la relación. Antes, el 16 de febrero, en el fraccionamiento Guaycura de Tijuana, María Cristina y su hijo de siete años fueron asfixiados hasta morir por el padre de éste, Armando Ricárdez. Las razones expresadas en su confesión, fueron que había consumido bebidas embriagantes y, junto a un amigo de parranda, consumió cinco sobres de cocaína de 20 dólares -equivalente a cinco líneas de droga por sobre-. Al llegar a su casa, su esposa por 10 años no aceptó tener relaciones con él. CRÍMENES DE AMOR “Viven unos ciclos de violencia, de pobreza, es como un engranaje de un mecanismo todo chueco, podrido, corrupto, impune”, sostiene Maricarmen Rioseco, integrante de la agrupación Milenio Feminista y parte del grupo local Alaíde Foppa. “Se trata de una violencia familiar de género, pero acentuada en la violencia sexual, han sido abusadas desde la infancia, y entre la pobreza y el abuso huyen, salen. A los 14, 15 años, no tienen ninguna opción de trabajo, ni de escuela. Es relativamente fácil que se vayan al trabajo sexual, o las drogas. Están tan carentes de afecto, que es fácil que las enganchen, por eso se llaman crímenes de amor”, refiere respecto a las mujeres asesinadas.

Rioseco advierte la ausencia de una política pública seria, real, con una visión de género. Cuestiona que existan programas -con millones de presupuesto- que no bajan a las colonias,  a los sectores marginales, por lo que no tienen ningún impacto. “No hay una parte que les den trabajo, que les den salud, no hay una parte que te den identidad; muchas personas no tienen ni siquiera identidad”, dice en alusión a documentos básicos que les sirvan para trámites de todo tipo, incluidos los laborales. La feminista opina que la violencia contra las mujeres es un tema de seguridad ciudadana. “Son los políticos los que hacen los programas, los presupuestos para la seguridad pública, y no tienen ni idea de lo que está pasando”. Rebeca Maltos, coordinadora del grupo Gente Diversa, recordó que en Baja California no hay ningún caso que se haya consignado como feminicidio, a pesar que desde el 19 de octubre de 2012, se estableció  en el Código Penal como delito. Maltos considera que la violencia de género es un problema de hombres, porque este sector es el que ejerce este tipo de violencia. “Se necesitan políticas públicas para reeducar a los hombres, antes de llegar a la fase extrema que es el feminicidio. El violentómetro es un semáforo, hay muchos indicadores”, afirma la activista, para quien existen puntos importantes para “aterrizar” las políticas públicas, como la prevención y la atención. “La violencia de género es un acto de control y de poder”, sintetiza en referencia que se trata de relaciones desiguales de poder, y que al hombre lo educan para que controle y mande, y si la mujer se rehúsa, el hombre trata de controlarla. “Si él fuera violento, sería violento con su jefe en el trabajo, o con sus amigos…”. La indolencia oficial se remitió a la Ley Estatal de Acceso a las Mujeres a una Vida Libre de Violencia (aprobada en 2008), que incluye la creación de un sistema estatal para la prevención, sanción y erradicación de la violencia hacia las mujeres -conformado por nueve instancias de gobierno y presidido por el secretario general de Gobierno en el Estado-. Solo se han reunido dos veces, en mayo de 2011 y en febrero de 2013, sin que a la fecha se haya publicado el plan estatal para contrarrestar la violencia hacia las mujeres. “Esto no se puede esperar, si no entra otra vez este sistema, con los Presupuestos Operativos Anuales, así van a estar otro año perdido. Mientras, que a las mujeres las sigan calcinando”, resume Rebeca Maltos.

Este contenido ha sido publicado originalmente por SINEMBARGO.MX en la siguiente dirección: http://www.sinembargo.mx/16-12-2013/847473. Si está pensando en usarlo, debe considerar que está protegido por la Ley. Si lo cita, diga la fuente y haga un enlace hacia la nota original de donde usted ha tomado este contenido. SINEMBARGO.MX

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Las mujeres mexicanas, un botín de guerra para las autoridades corruptas en un país patriarcal.2013

Las mujeres en México son víctimas del crimen organizado, pero también de autoridades corruptas en un país donde prevalece el machismo y la “simulación” en materia de igualdad de género. (EFE)

La Coalición Contra el Tráfico de Mujeres y Niñas en América Latina y el Caribe denuncia que la mayoría de víctimas de desaparición son mujeres y niñas. El problema “es que no se le ha dado importancia a las mujeres” ni en el sexenio de Felipe Calderón ni en el que encabeza Peña Nieto, apuntan.

La directora de esta ONG señala que en México no hay políticas públicas que desactiven los estereotipos culturales que perpetúan la desigualdad.

Las mujeres en México son víctimas del crimen organizado, pero también de autoridades corruptas en un país donde prevalece el machismo y la “simulación” en materia de igualdad de género, denunció una organización no gubernamental. “No sé a qué le tenemos más miedo, si al operativo conjunto (de las fuerzas de seguridad federales, estatales y municipales) o a las bandas de delincuencia organizada”, dijo la directora de la Coalición Contra el Tráfico de Mujeres y Niñas en América Latina y el Caribe, Teresa Ulloa. “Los cuerpos de las mujeres y las niñas acaban siendo un botín de guerra” y aumenta la esclavitud, la prostitución, las violaciones y los embarazos adolescentes, señaló en una entrevista telefónica.

En el mandato de Calderón se registraron 26.000 desaparecidos en un país con “territorios absolutamente bajo el control de los cárteles” La mayoría de víctimas de desaparición o algunas formas de esclavitud contemporánea, como la trata de personas o la explotación sexual, son mujeres y niñas porque sigue estando presente “una concepción misógina patriarcal”, afirmó Ulloa.

El problema “es que no se le ha dado importancia a las mujeres” ni en el sexenio de Felipe Calderón (2006-2012) ni en el que encabeza desde el 1 de diciembre pasado Enrique Peña Nieto, apuntó y lamentó que en esta tema haya “muchas promesas” y “mucha simulación”.

Ni en México ni en el resto de la región hay políticas públicas para “desactivar los estereotipos culturales que perpetúan la desigualdad (…) o la violencia contra las mujeres”, aseveró. Sistema de Alerta Roja para proteger a las mujeres

La coalición que encabeza Ulloa (CATWLAC, por sus siglas en inglés), con presencia en 25 países latinoamericanos, impulsó en 2006 la creación del Sistema de Alerta Roja (SAR) para rescatar a mujeres y niñas desaparecidas, y ofrecer protección y asistencia.

En su informe de 2012 publicado en junio pasado, la coalición señaló que el Sistema de Alerta Roja atiende los casos de 207 personas desaparecidas o ausentes en México, de los cuales el 90% son mujeres y en buena parte de ellos (70%) está involucrada la delincuencia organizada.

Y es que “México se vuelve un embudo porque tenemos en el vecino del norte el mercado más grande de droga, pero también de sexo de paga”, dijo la activista, quien recordó que en el mandato de Calderón se registraron 26.000 desaparecidos en un país con “territorios absolutamente bajo el control de los cárteles”.

El caso de la niña María José Uno de los casos incluidos en el SAR es el de María José Monroy Enciso, una niña que fue robada el 21 de septiembre de 2010 de la óptica de su madre, en el central Estado de México, cuando tenía solo once meses.

La madre de María José denuncia la lentitud con la que las autoridades han actuado en la desaparición de su hija Ulloa teme que María José, cuyo caso sigue abierto, haya sido vendida para la adopción ilegal o explotación sexual, pero su madre, Maribel Enciso, aún tiene la esperanza de encontrarla viva. Y es que el presunto responsable del robo de María José, ya en la cárcel por haber violado a otras niñas, dijo haber asesinado y arrojado a la pequeña a un canal, pero su cuerpo no fue encontrado.

Enciso señaló que no le cree al sujeto y denunció la lentitud con la que han actuado las autoridades en el caso de su hija. “Si fuera la hija de un político o de alguien importante, moverían cielo y mar” hasta encontrarla, aseguró esta madre, quien fue gravemente herida por el sujeto que le arrebató a su hija hace tres años. “La incertidumbre de (no) saber cómo está (…) te va matando.

No vivimos, sobrevivimos” gracias a la familia, a Dios y a la esperanza de encontrarla con vida, comentó. La familia de la menor y la CATWLAC alegan contradicciones del presunto homicida y denuncian mensajes en Facebook en los que se pide paralizar la difusión del caso, lo que indica que hay “cierto interés” en que no la encuentren. “Entendemos que estamos trastocando intereses económicos muy altos (…) porque se tejen redes de complicidad que pueden llegar al más alto nivel del poder político y económico de este país”, afirmó Ulloa.

Ver más en: http://www.20minutos.es/noticia/1966041/0/mujeres-mexico/victimas-desapariciones/sociedad-machista/#xtor=AD-15&xts=467263

“No vayas sola, te puede pasar algo”

Las mujeres crecen entre mensajes que les alertan del peligro de ser violadas por la calle, pese a que la mayor parte de agresiones sexuales las cometen hombres conocidos. Se enseña a las chicas a tener miedo pero no a defenderse.

June Fernández

13/10/2013 – 20:27h

 “Pídele a algún amigo que te acompañe”. “Hazme una llamada perdida cuando llegues”. “Voy contigo, que me quedo más tranquila si te veo entrar al portal”. Estas son algunas de las frases que las mujeres acostumbran a escuchar cuando salen de fiesta o vuelven a casa de noche en un día cualquiera. La idea que subyace es que una mujer sola en la calle es una víctima potencial de agresiones sexuales por parte de hombres y que, por ello, la calle –incluso esa que recorre a diario– es un territorio hostil.

“Las jóvenes emplean continuamente, de forma normalizada y naturalizada, consciente o inconsciente, mecanismos de protección frente a este miedo preprogramado”. Es una de las conclusiones que aporta la investigación Agresiones sexuales: cómo se viven, cómo se entienden, realizada por la consultoría Sortzen para el Gobierno vasco, para la que se realizaron grupos de discusión con chicas jóvenes, mujeres inmigrantes, padres y madres de adolescentes, profesorado y hombres (incluidos algunos organizados contra el sexismo). Las chicas reconocieron hábitos como coger un taxi para recorrer una distancia corta a la hora de volver a casa, hacer una llamada para confirmar que han llegado bien o pasar por ciertos lugares corriendo. Se trata de un miedo presente en todas las chicas que se “retroalimenta de otros relatos de miedo y se transmite generacionalmente”, señalan en el estudio. Las que habían sufrido una agresión reaccionaron limitando aún más sus movimientos.

El guión del miedo

Una joven camina sola de noche. Un desconocido la persigue. Ella corre, pero él la alcanza. La viola. A veces, sólo después de forzarla, la asesina. Esa escena, que hemos visto en infinidad de películas de Hollywood, se ha quedado anclada en nuestra memoria. La experta en políticas de prevención de violaciones Sharon Marcus habla de la violación como un guión preescrito que marca la vida de las mujeres, desde antes de haber sufrido agresiones. Frente al fantasma de la violación como destino inevitable, ella propone analizar en detalle qué sucede en los intentos de violación para desarrollar estrategias efectivas de prevención.

Lohitzune Zuloaga, socióloga experta en políticas de seguridad, confirma que en las encuestas sobre inseguridad ciudadana la población femenina “expresa unos porcentajes de inseguridad significativamente mayores que los varones”, y que se sienten con más probabilidades de sufrir delitos como tirones de bolso, atracos, estafas y, sobre todo, agresiones sexuales, pese a que (salvo en el caso de los delitos contra la libertad sexual) el perfil de víctima de delitos que arrojan las estadísticas policiales es el de un varón entre 20 y 50 años.

Zuloaga indica que las violaciones y abusos sexuales conocidos en España no alcanzan el 0,4% del total de las infracciones registradas. Aunque reconoce que es un tipo de delito que se denuncia poco, debido al “costo social y personal” que conlleva el proceso, concluye que “el miedo que sentimos las mujeres a ser víctimas de una agresión sexual grave es muy desproporcionado en comparación con las probabilidades reales que tenemos de sufrirla”.

¿Se trata entonces de un miedo irracional sin fundamento? En absoluto. Zuloaga lo atribuye a que “las mujeres hemos sido educadas en la idea de que tenemos altas probabilidades de ser violadas y de que tenemos que estar alerta frente a la violencia que puede sufrir nuestro cuerpo y protegerlo. Esta percepción se consolida en la literatura criminal, las películas y las series de televisión, donde es habitual que las víctimas femeninas de delitos sean mujeres violadas”.

Diversas autoras feministas han tratado de explicar por qué la sociedad educa a las mujeres en ese terror sexual. La periodista y activista Susan Brownmiller fue pionera en afirmar, en 1981, que la violación no es una conducta aislada de individuos inadaptados, sino que la amenaza de sufrirla funciona como un mecanismo patriarcal para condicionar el comportamiento cotidiano de todas las mujeres, limitando sistemáticamente su autonomía y su libertad sexual. Cuando sufren una agresión, a menudo se las culpa por haber roto con el modelo de feminidad tradicional, como hizo el policía de Toronto cuando pronunció la frase que fue el germen de las Marchas de las putas, organizadas en más de 60 ciudades: “Las mujeres deben evitar vestirse como putas para no sufrir violencia sexual”.

“Lo peor que le puede pasar a una mujer”.

La escritora francesa Virginie Despentés argumenta en su visceral ensayo Teoría King Kong que la constante representación de la violación en las artes ha servido a lo largo de la historia para sostener el mito de que la sexualidad masculina es “peligrosa, criminal e incontrolable por naturaleza”.

Más de 60 ciudades han albergado ‘Marchas de las putas’, como esta de Lima, en respuesta a una frase de un policía de Toronto: “Las mujeres deben evitar vestirse como putas para no sufrir violencia sexual”.

Uno de los fragmentos más duros de Teoría King Kong es cuando Despentés relata que ella y su amiga fueron violadas en un coche por unos chicos que las habían parado cuando hacían autoestop. Despentés llevaba una navaja, pero ni se le pasó por la cabeza utilizarla. “Estoy furiosa con una sociedad que no me ha enseñado a golpear a un hombre si me abre las piernas a la fuerza, mientras que me ha inculcado la idea de que la violación es un crimen horrible del que no debería reponerme”, sentencia. Despentés define como una “espada de Damocles entre las piernas” esa “doble obligación de saber que no hay nada tan grave y, al mismo tiempo, que no debemos defendernos, ni vengarnos”.

Las personas que participaron en la investigación ‘Agresiones sexuales: cómo se viven, cómo se entienden’ coincidieron en considerar que una violación es “lo peor que le puede pasar a una mujer”. Esta idea es peligrosa, señalan las autoras del estudio, porque “resta, a quien sufre la agresión, la capacidad de recuperarse y reinterpretar esa vivencia; fija a la víctima en el trauma”. Las chicas expresaron también que ante los abusos reaccionaban con “sentimientos de paralización,  de no saber cómo responder a la situación o de reacciones de huida y escape”.

¿Es porque se sienten más débiles? Sharon Marcus asegura que “la habilidad de un violador para atacar depende más de cómo se posiciona socialmente en relación con la mujer que de su supuesta fuerza física superior”. Frente a quienes aconsejan a las mujeres no oponer resistencia, porque el violador se pondrá más violento, la experta aporta datos de encuestas a mujeres que lograron bloquear al agresor con gestos como un comentario asertivo, un empujón o un grito, incluso en casos en los que este iba armado. Marcus lamenta que a las mujeres se les asigne el papel de ser “objetos de violencia y sujetos del temor” que se paralizan y callan ante una agresión, y defiende que “los hombres elaboran el poder masculino en relación con esa imaginaria indefensión femenina”.

Maitena Monroy lleva desde 1988 impartiendo talleres de autodefensa feminista como forma de combatir esa sensación de indefensión. Frente a los cursos de defensa personal para mujeres que se limitan a enseñar técnicas físicas, el objetivo de Monroy es que las mujeres adquieran “la actitud vital de reclamar nuestro derecho a existir sin violencia”. Para ello, el primer paso es identificar las agresiones a las que se enfrenta la población femenina en los diferentes ámbitos (la calle, la discoteca, el transporte público, la familia, etc.), cuestionar el origen de esa violencia y contar con recursos para enfrentarla. Por ejemplo, ante la situación de un hombre que la sigue por la calle, en autodefensa se refuerza el criterio de la mujer (para que no piense que está paranoica), se aprenden trucos para ahuyentar al agresor y, finalmente, estrategias (no sólo físicas) para defenderse en caso de que se materialice el intento de violación.

El papel de la familia

En la investigación de Sortzen, madres y padres expresaron que “tienen más miedo a lo que un desconocido les pueda hacer a sus hijas, aunque la realidad muestra que las agresiones por conocidos son más frecuentes”. La consecuencia, según la socióloga Lohitzune Zuloaga, es que “las mujeres estamos muy alerta ante el peligro de las ‘violaciones tradicionales’, y totalmente desarmadas para enfrentar e incluso reconocer como tales las violaciones en entornos supuestamente seguros”, como cuando un novio, amante o esposo presiona e incluso fuerza a la mujer a mantener relaciones sexuales.

Las madres admitieron en los grupos de discusión que transmiten miedo a sus hijas: “A mi hijo nunca lo previne, nunca se me pasó por la cabeza que le pudiera pasar algo; en cambio a las hijas siempre les decía ‘tened cuidado, llamadme cuando lleguéis’. Les insistimos en que vayan siempre juntas, que no beban, que no se fíen, que llamen para ir a buscarlas en coche, que cuidado con esa minifalda, que luego pasa lo que pasa”. Muchas lamentaron no saber cómo asesorar a sus hijas sin ejercer ese control excesivo.

Maitena Monroy contesta: “Esos mensajes se lanzan con buena intención, pero transmiten que la única solución a la violencia es que las mujeres dejen de hacer cosas, lo cual implica negar derechos como el de estar solas”. Ella aboga por explicar a las chicas que “las agresiones se deben a que hay hombres machistas que no respetan los derechos de las mujeres y actúan con violencia”. Se trata de contarles “qué les puede pasar y cómo hacer frente”, pero insistiendo en mensajes en positivo como que “su cuerpo es suyo” y que tienen derecho a decidir “qué hacer con él, cómo vestir, y vivir una sexualidad libre y deseada; y a gritar y llamar la atención si alguien les molesta”. Por ejemplo, recalca que “viajar sola sí que es buena idea [pensar que tenemos que ir con alguien que nos proteja nos hace dependientes], y que tengo derecho a ello, pero que puedo sufrir agresiones; por lo que voy a prever situaciones concretas que me han pasado antes o que me den miedo y pensar cómo voy a actuar si me ocurren”.

La calle, territorio hostil

En el estudio de Sortzen, la mayoría de las jóvenes afirmaron haber sido perseguidas por hombres cuando caminaban solas de noche. Según Lohitzune Zuloaga, “el acoso sutil (y no tan sutil) al que las mujeres nos vemos rutinariamente expuestas interviene en nuestra percepción de que existe una amenaza real de ser agredidas”. Es decir, las agresiones machistas cotidianas explican esa mayor sensación de inseguridad; recuerda a las mujeres que –parafraseando un popular lema feminista– la noche y la calle no son suyas.

La indignación que le provoca “la insoportable y rancia costumbre del acoso callejero” llevó a Alicia Murillo a poner en marcha la iniciativa El cazador cazado, que consiste en grabar con el móvil a los hombres que le hacen comentarios sobre su cuerpo cuando camina por la calle. Esta actriz, cantante y activista documenta así las reacciones de los hombres (sorpresa, negar la agresión, culpar al amigo, ponerse agresivos…) cuando la mujer les responde. “El mal llamado piropo no es un halago, es otra forma que el patriarcado tiene de hacer ver que el cuerpo de las mujeres es un espacio comunitario que se puede tocar, maltratar y sobre el que se puede opinar libremente. Hace que las mujeres caminen más inseguras por las calles y, por tanto, sean más vulnerables y dependientes”, sentencia.

El miedo que tenemos las mujeres a ser víctimas de una agresión sexual grave es muy desproporcionado en comparación con las probabilidades reales que tenemos de sufrirla

Lohitzune Zuloaga, socióloga

En la actualidad, Murillo imparte talleres basados en esa experiencia, con el fin de que las mujeres se reapropien del espacio público y ejerzan su derecho a defenderse de comentarios y ataques machistas, recurriendo incluso al humor, “porque reír descaradamente es lo más subversivo y agresivo que podemos hacer ante el patriarcado”.

Las mujeres inmigrantes están especialmente expuestas y se sienten particularmente vulnerables ante el acoso machista en la calle, según refleja la investigación del Gobierno vasco. A la sensación de no manejar los mismos códigos se suma, en el caos de las inmigrantes sin papeles, el miedo a ser deportadas si acuden a la policía para denunciar una agresión. En el grupo de discusión, las mulatas y latinas expresaron que se sienten “señaladas y marcadas con un estereotipo racista” como exóticas y sexuales. Una participante relató el siguiente incidente: “Yo estaba de pie, esperando, cuando viene un hombre y me dice ‘cuánto por el polvo’. Yo no entendía de qué me hablaba. Me asusté mucho”.

A Maitena Monroy le preocupa “la sensación de impotencia, de rabia y de inseguridad que genera en las mujeres sentirse expuestas todo el rato, y el poder que eso da a los agresores que las convierten en objetos sexuales”. En sus talleres se aprenden y comparten formas de responder a agresiones recurrentes en la vida de las mujeres, como la del hombre que les toca el trasero en la calle o en el metro o el exhibicionista que les muestra el pene y se masturba, etc. Buena parte del trabajo consiste en analizar cómo las mujeres ocupan el espacio público y marcar límites a los agresores machistas a través del lenguaje corporal y no verbal.

El papel de los hombres

Una de las conclusiones de la investigación del Gobierno vasco es que, a la vez que recae sobre las mujeres la responsabilidad de prevenir las agresiones sexuales, los hombres reflexionan y debaten poco sobre este problema. Incluso los que participan en grupos de hombres por la igualdad admitieron que no han debatido sobre la violencia sexual dentro de sus colectivos. Maitena Monroy considera imprescindible que los hombres “cuestionen al machito de turno” y discutan sobre su implicación contra la violencia machista, no sólo en entornos feministas sino sobre todo en espacios masculinos, como cuando están de cañas o viendo el partido con los amigos.

Más de 700 hombres y 300 mujeres han participado en los talleres que imparte Hilario Sáez Méndez, miembro del Foro de Hombres por la Igualdad, basados en el cortometraje Mi señora, en el que un hombre acosa verbalmente a otras mujeres delante de su esposa. Sáez reconoce que la mayoría de los hombres quita importancia a las actitudes de acoso machista tanto en la calle como en la pareja o hacia amigas. Sin embargo, añade que durante los talleres muchos participantes “sintieron vergüenza de género” y entendieron que “el acoso no es más que una vieja táctica de caza para asustar a las mujeres y hacer que acepten nuestra protección a cambio de sumisión”.