“Desperté con un tiro”: un drama que cambió a Brasil.2013

Gerardo Lissardy BBC Mundo, Brasil

 Maria da Penha sobrevivió los intentos de su marido de matarla.

Si todo hubiera salido como planificó su agresor, la brasileña Maria da Penha debía estar muerta hace un buen tiempo. Nadie siquiera habría sospechado que el suyo era un caso más en la larga lista de feminicidios de su país.

Pero Penha sobrevivió a dos intentos de asesinato y luchó para que fuera condenado por ellos su marido, un economista colombiano.

Hoy, con 67 años y parapléjica, Penha parece saber que tiene reservado un lugar especial en la historia de su país, donde una ley que lleva su nombre ayuda a salvar miles de vidas femeninas.

“Me gustaría ser recordada como una mujer que, perseverando 19 años y seis meses en busca de justicia, consiguió cambiar la ley de un país”, dice Penha durante una entrevista con BBC Mundo en su casa de Fortaleza.

“Mientras dormía”

Bioquímica farmacéutica, Penha recuerda el instante de mayo de 1983 cuando un tiro la condenó a pasar en silla de ruedas el resto de su vida. Tenía 38 años.

“Mi marido disparó en mi espalda mientras dormía”, dice. “Desperté con un tiro y no sabía quién me lo había dado. Pensé que había sido él, pero no lo había visto”.

Sus sospechas se debían a la actitud cada vez más violenta que Marco Antonio Heredia tenía con ella y las tres hijas de ambos en la intimidad del hogar. Ella le sugería a menudo la idea de separación, pero él la rechazaba.

Heredia denunció lo ocurrido aquella noche como un intento violento de asalto.

Después de pasar cuatro meses y medio hospitalizada, Penha regresó a vivir con él y con sus tres hijas.

“Seguí con él porque no sabía que había sido el autor de la primera vez”. No obstante, albergaba sospechas.

“Cuando volví sufrí una segunda tentativa más disimulada, a través de una ducha eléctrica damnificada a propósito” para electrocutar, cuenta. “Si hubiese entrado en esa ducha… Percibí antes que estaba pasando corriente”.

Casi un año después del disparo, convencida de que su marido quería matarla, Penha efectuó una deposición ante las autoridades y comenzó su largo trajín para que Heredia fuese condenado.

Riesgo de muerte

Heredia se declaró inocente pero, tras una serie de juicios y recursos que le permitieron seguir libre más de una década después de ser condenado por tentativa de homicidio, finalmente fue encarcelado en octubre de 2002.

Estuvo 16 meses tras las rejas, pasó a régimen semiabierto y en 2007 quedó en libertad condicional.

En medio de las batallas judiciales de casi dos décadas, el caso fue llevado por ONGs ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) que presionó para cambiar las cosas.

El Estado brasileño fue responsabilizado por la demora en el proceso e instado a tomar medidas para prevenir la violencia doméstica, un delito que hasta entonces difícilmente se pagaba con cárcel.

Eso llevó en 2006 a la aprobación de la ley Maria da Penha, que combate la violencia doméstica con castigos más duros para agresores, la posibilidad de prisión preventiva y el impedimento de penas alternativas.

Un informe de Naciones Unidas citó el año pasado esa ley como pionera a nivel mundial en defensa de los derechos femeninos.

En los primeros seis años de vigencia de la norma, las centrales creadas para recibir denuncias registraron 196.610 reportes de violencia física, según datos oficiales. Más de la mitad (52%) presentaban riesgo de muerte.

“Sola no cambia”

Pese a la ley, la cantidad de mujeres brasileñas a las que se les quita la vida continúa generando alarma.

“El feminicidio es una cuestión cultural antes que nada. Mi agresor era un profesor universitario”

Un estudio del instituto Sangari junto con la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales indicó este año que entre 1980 y 2010 fueron asesinadas 91.000 mujeres en Brasil. Casi la mitad de ellas (43.500) murieron en la última década.

De acuerdo a ese “Mapa de violencia”, la tasa de asesinato de mujeres en Brasil cayó un año después de la ley, de 4,6 a 3,9 casos cada 100.000 mujeres. Pero en 2008 volvió a acercarse a los índices previos y desde entonces se mantiene en torno a 4,5.

Los especialistas creen que esto demuestra el desafío que tiene pendiente Brasil.

“La ley ayuda a cambiar el comportamiento, pero sola no cambia”, dice Eva Blay, una socióloga brasileña que fue una de las primeras en estudiar cuestiones de género en su país.

Maria Magnólia Barbosa, procuradora de justicia del estado de Ceará (nordeste), afirma que la ley también llevó a un aumento de las denuncias de mujeres maltratadas, dándole mayor visibilidad al problema.

“Antes no tenían con quién denunciar”, le explica a BBC Mundo.

“Cuestión cultural”

Ceará, donde reside Penha, es uno de los estados de Brasil con menores índices de violencia doméstica, pese a lo cual, según Barbosa, 157 mujeres murieron en los primeros siete meses de este año por ese problema.

“El feminicidio es una cuestión cultural antes que nada”, sostiene Penha en su hogar y apunta que la violencia doméstica está en todas las clases sociales: “Mi agresor era un profesor universitario”.

Símbolo de la lucha por las mujeres en su país, Penha les aconseja a las mujeres que se sientan amenazadas que busquen apoyo de instituciones y grupos especializados, que se protejan con sigilo y que eviten ser impetuosas.

“Muchas veces la mujer puede desesperarse por estar viviendo una situación así, pero es mejor tener un poco de cautela para que no la maten”, advierte. “Porque es en momentos así que muchas veces la mujer pierde la vida”.

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