Feminicidios en Nuevo León, el recuento de los daños. México. 2012

Utilizadas en actividades narcomenudeo, prostitución, espionaje, vigilancia en casas de seguridad, “mulas” para ingresar drogas a los centros penitenciarios, la mujer es blanco fácil de la delincuencia y su integración las bandas criminales no las exime de ser peones en el complicado ajedzrez que conforman los cárteles en NL

Terra – 07/11/2012

México, Monterrey, Nuevo León – El bullicio de un atardecer caluroso era el pretexto idóneo para salir de casa, las paredes ardientes en una ciudad cuyo tardío verano  parece nunca irse obligan a Karla, una joven madre, a buscar el fresco en la banqueta de la casa de su madre.

Con tres hijos, uno de 7, otro de 3 y el menor con apenas unos meses, la joven Nicolaíta disfruta la llegada de la noche entre el ir y venir de coches, y la caminata de quienes apenas concluyen su jornada laboral.

Cuando el reloj marca las 20:00 horas, un auto a toda velocidad marcha sobre la calle Chilpancingo de los Bravos, en la colonia Vicente Guerrero, el conducto desacelera al ver su objetivo. No es un tanque o un jeep de guerra, pero en la lucha intestina que vive Nuevo León cualquier vehículo sirve para transportar a los mensajeros de la muerte a encontrarse con su destino. Jueces y víctimas de una lucha que tan sólo en el 2012 ha superado la barrera de los mil muertos.

Karla no tiene tiempo de reaccionar, la muerte se presenta ante ella como relámpagos con olor a pólvora, los proyectiles hacen blanco en su menudo cuerpo, pero el sicario entiende que a la muerte sólo puede vérsele a los ojos cuando se está cerca. No duda en disparar, el “tiro de gracia” es sentencia y drama, la oscuridad es refugio de quienes se mueven impunes por las calles regiomontanas.

Como ésta se han escrito alrededor de 120 historias (la cifra cambia a cada hora) de mujeres que han sido victimadas en Nuevo León, dato que sorprende e intriga, y ha propiciado que la sociedad acuñe un nuevo término, el feminicidio.

MUJERES ENTRE LA PLATA Y EL PLOMO…

El clima de inseguridad que en los últimos cinco años se ha desatado en la entidad, producto de la guerra entre cárteles de la delincuencia por el control de las operaciones ilícitas, ha permeado al tejido social de formas inimaginables para la alguna vez tranquila zona metropolitana de Monterrey.

En el 2010, el Centro de Reinserción Social Topo Chico tenía una población de 338 internas. Dos años después la cifra supera las 550, en su mayoría en proceso o sentenciadas por delitos del fuero federal, relacionados con la delincuencia organizada.

El crecimiento de la participación de las mujeres en actividades delincuenciales fue alertado por las autoridades de Nuevo León. Sin embargo no han existido mecanismos suficientes para alejarlas del flagelo del crimen, donde se han convertido en uno de los eslabones más delgados de la cadena siendo utilizadas como “botín de guerra”, victimizadas por ambos bandos.

Utilizadas en actividades narcomenudeo, prostitución, espionaje, vigilancia en casas de seguridad, “mulas” para ingresar drogas a los centros penitenciarios, la mujer es blanco fácil de la delincuencia y su integración las bandas criminales no las exime de ser peones en el complicado ajedrez que conforman los cárteles.

Por un lado la explotación como mercancía sexual, el abuso y la privación de la libertad, por otro la muerte en venganzas fraguadas por grupos de sicarios, y en medio las mujeres víctimas que ya se cuentan por decenas.

La Asociación Civil “Arthemisas por la Equidad”, ha elaborado un recuento del número de víctimas de hechos violentos, donde no sólo incluye los homicidios que encuadran en la categoría de feminicidios – Código Penal Federal – sino también aquellos que por tratarse de crímenes en etapa de investigación también podrían ser sujetos de considerarse como feminicidios, aunque el término aún no exista en la legislación local.

SE DISPARA LA VIOLENCIA CONTRA LA MUJER

Irma Alma Ochoa Treviño, Directora General de Arthemisas por la Equidad, ha elaborado una tabla con base en información hemerográfica sobre los asesinatos de mujeres en Nuevo León.

De acuerdo a las estadísticas, del 2000 al 2009 se registraron 253 homicidios contra mujeres en la entidad; pero a partir del 2010 la cifra comenzó a dispararse de forma alarmante. En ese año fueron reportados 74 casos de mujeres que perdieron la vida de forma violenta.

El 31 de diciembre del 2010, la comunidad regiomontana se estremeció con las imágenes del cuerpo de una mujer que fue colgada aún con vida de un puente peatonal de la avenida Fidel Velázquez. Gabiela Muñiz “La Pelirroja” fue ejecutada con saña días después de que un grupo armado la arrebató de manos de las autoridades penitenciarias. Su cuerpo semidesnudo sirvió de presagio para la ola de violencia contra mujeres.

Para el 2011 los casos crecieron alrededor del 200 por ciento, al documentarse 221 muertes de mujeres en su mayoría por disparos de armas de fuego. La tragedia del Casino Royale, donde 52 personas perdieron la vida tras un atentado por parte de la delincuencia, fue fiel reflejo del estado de indefensión de la sociedad ante la violencia.

En lo que va del 2012 (hasta el 15 de octubre), se ha documentado la muerte de 118 mujeres, alrededor del 50 por ciento ejecutadas al estilo del narco, algunas de ellas violentadas y sus cuerpos desmembrados y arrojados a la vía pública.

EL FEMINICIDIO A DEBATE

A pesar de los números, el Gobierno de Nuevo León ha declinado la posibilidad de que estemos viviendo una oleada de feminicidios en el estado. El desinterés mostrado en los crímenes de mujeres se evidencia en la pereza con que avanzan las reformas legislativas para adaptar las leyes en la materia a los preceptos que establece el Código Penal Federal (junio 2012), al que se han sumado otras 17 entidades del país.

El Código Penal Federal, en su artículo 325 establece: Comete el delito de feminicidio quien prive de la vida a una mujer por razones de género. Establece penas máximas de hasta 60 años de prisión, por ser considerado un delito grave.

“El hecho de que las mujeres sean asesinadas, sean mutiladas, torturadas, o que sean arrojadas a la vía pública, expuestas en la vía pública, es otra de las circunstancias que tipifica el Código Penal Federal”, expresó Irma Alma Ochoa Treviño, Directora General de Arthemisas por la Equidad.

“Otra de las circunstancias es el hecho de que muchas de estas mujeres han sido torturadas y han tenido lesiones infamantes o degradantes o que fueron incomunicadas, independientemente del tiempo de la incomunicación entre el momento en que las secuestran o las “levantan” – como se dice eufemísticamente – y el momento en que las privan de la vida”, argumentó.

En Nuevo León, la falta de un consenso entre las autoridades del Poder Legislativo, quienes han relegado el tema a la cartera de asuntos pendientes, obligan a la Procuraduría de Justicia a tratar estos casos bajo la figura del delito con agravantes.

Desafortunadamente, vivimos en una sociedad patriarcal que facilita a los homicidas de mujeres aprovechar “lagunas” en el marco jurídico, permitiendo la reducción de las sanciones hasta en un 10 por ciento de lo que establece el Código Penal Federal para el caso de los feminicidios.

“El feminicidio en el Estado no se maneja como tal, pero se maneja el homicidio con agravantes, el hecho de que hay un vínculo o una relación parental y afectiva con la víctima y entonces la sanción va de 20 a 50 años de prisión”, subrayó.

“Sin embargo algunos de los perpetradores arguyen lo que se llama “emoción violenta” (celos, infidelidad y por eso enloquecieron), lo que reduce la sanción hasta 5 años”, recalcó.

La calle y la cárcel no mienten, en una los cuerpos inertes aparecen como huellas violentas en el asfalto; en la otra las víctimas y victimarias comparten celdas cada vez más estrechas por el número creciente de quienes las habitan. Dos realidades muy lejos de la vida color de rosa, de las muñecas y los juegos de té, y más cercanas a la realidad violenta que empaña los cálidos atardeceres de Nuevo León.

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