Fue a buscar trabajo, pero la secuestraron y la obligaron a prostituirse. Argentina. 2012

Fue a buscar trabajo, pero la secuestraron y la obligaron a prostituirse

Tiene 35 años y es madre de tres hijos
Todavía no se animó a contarles la pesadilla que vivió

Sibila Camps – Clarín – 10/10/2012

Argentina, Buenos Aires – La mujer a quien un grupo pro-vida y una jueza sin competencia jurídica negaron sus derechos, es una víctima de trata de personas con fines de explotación sexual, con quien el Estado acumuló ayer varias deudas más.

No recibió educación en salud sexual o, al menos, no a tiempo, ya que tuvo su primer hijo a los 16 años, y luego otro varón y una nena. Es jefa de familia y vive en el Gran Buenos Aires, en condiciones de gran vulnerabilidad social.

Buscaba trabajo cuando fue secuestrada: cayó en una agencia de empleos trucha –de las varias que se publicitan en el conurbano y en la Ciudad, sin control de las autoridades–, que en realidad era una fachada para reclutar mujeres, para una red de trata con fines de prostitución. Le ofrecieron ubicarla como empleada doméstica y la hicieron concurrir tres veces. En la última, el 28 de julio pasado, la drogaron y la secuestraron.

La mujer, de 35 años, fue llevada al sur, donde están varios de los destinos más frecuentes de las víctimas de trata. No sabe dónde la mantuvieron encerrada y drogada; sólo sabe que la prostituyeron en burdeles de tres lugares distintos. Tiene idea de que uno de esos fue “unas casitas en Santa Cruz”; probablemente sea Las Casitas, en Río Gallegos, el barrio prostibulario más famoso de la Argentina.

Del tercer destino logró escapar, hace un par de semanas. Recién entonces se enteró de que estaba en una ciudad de otra provincia patagónica. Pidió ayuda sin contar qué le había sucedido, y le facilitaron el dinero para regresar.

Shockeada, humillada, y ya con la certeza de haber sido embarazada –nunca sabrá de cuál consumidor de prostitución– no se atrevió a volver a su hogar; sus hijos aún ignoran lo que le hicieron. Se refugió en lo de sus padres, quienes tampoco conocen toda la historia.

Algo ha contado a las enfermeras durante los dos días en que estuvo en el Hospital Ramos Mejía, antes de que el director le diera el alta y, un día después, sus datos fueran difundidos. Les ha dicho que tiene pánico de que los tratantes vayan a buscarla. Ayer se le acercó personal de la Oficina de Rescate y Acompañamiento a las Víctimas de Trata, de la Nación. Varias vidas están en peligro: la suya, las de sus tres hijos, y las de sus padres.

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